¿Las aplicaciones que usamos son realmente gratuitas?

Tal vez hayas escuchado en algún momento aquello de que “la tecnología no es buena ni mala, depende de cómo se use”. Esto es cierto solo en parte: siempre podemos ejercer nuestra libertad y responsabilidad en la manera en que usamos las tecnologías, pero al mismo tiempo estas tecnologías no son sólo herramientas que nos sirven para informarnos y comunicarnos, sino que también están diseñadas al servicio de importantes intereses económicos.

¿Quién es quién en el mercado de las aplicaciones?

La mayoría de las aplicaciones y redes sociales que utilizamos son comerciales. Decimos que son “gratuitas” porque nosotros no pagamos por utilizarlas. Pero en realidad las empresas que desarrollan estas aplicaciones están entre las más ricas y poderosas del mundo.

¿Sabías que la mensajería instantánea de WhatsApp y la red social Instagram que tanto utilizan los jóvenes, son aplicaciones que pertenecen a la empresa Facebook Inc.?

¿Sabías que Gmail, Youtube y el sistema operativo Android, que funciona en la gran mayoría de smartphones, pertenecen a Alphabet que es la empresa matriz de Google?

Recientemente, por primera vez en la historia, el top 5 de las empresas más lucrativas del mundo lo constituyen empresas de la economía digital. De mayor a menor: Apple, Alphabet, Microsoft, Amazon y Facebook, que han desplazado a posiciones inferiores a empresas financieras, farmacéuticas y petroleras.

Iconos sobre dinero by davooda Fuente: shutterstock.com

Entonces, ¿cómo ganan dinero?

Buena parte de la razón de su éxito económico radica en el hecho de que estas aplicaciones y redes sociales recopilan y venden información sobre nosotros: lo que vemos, lo que nos gusta, fotos y comentarios que subimos, así como datos de uso. Entre ellos, algunos muy importantes, como a qué hora accedemos a determinados contenidos o desde dónde lo hacemos. Estos datos recopilados de millones de personas son muchos datos: es lo que se ha llamado Big Data. Todos estos datos son físicamente propiedad de las empresas pues están almacenados en sus centros de datos.

Cuanto más tiempo pasamos utilizándolas, más información generamos y más dinero generan para las empresas. Esta información se utiliza para la publicidad y el marketing: estudiando nuestros comportamientos y ajustando las campañas tanto comerciales como políticas. Quien tiene la información tiene también el poder.

Las tecnologías digitales están diseñadas para darnos acceso a fuentes de información, como el buscador de Google, y para crear espacios virtuales de comunicación, como las redes sociales. Pero también sirven para generar grandes beneficios económicos. Así que estas tecnologías no son neutrales, sino que están al servicio de estos dos objetivos.

¿En qué nos afecta esta doble finalidad?

Por un lado, existe una gran desigualdad entre quienes poseen los medios de producción y consumo de información, que acumulan poder y riqueza; y entre quienes utilizamos estas tecnologías y pagamos con nuestro tiempo, nuestra atención y nuestros datos. Por otro lado, para conseguir la mayor rentabilidad económica es preciso crear una necesidad que pueda ser consumida a través de la tecnología. La necesidad más importante que hay que potenciar es la de “estar conectado”, de mirar si tengo un mensaje nuevo o de ganar una partida más en un juego. Crear necesidades superfluas nos aleja de atender a nuestras necesidades profundas, limitando en realidad la libertad de las personas.

¿Qué necesidades educativas debemos explorar?

La tecnología no es algo separado del resto del mundo. De hecho, interesarnos por la tecnología al nivel que estamos viendo, puede ser un magnífico punto de partida para entender cómo funciona el mundo y cómo se relaciona el desarrollo tecnológico con la economía, la política o el medio ambiente. Desde una perspectiva educativa, se abre la oportunidad de despertar una conciencia global y practicar la solidaridad también en aquello que tiene que ver con la tecnología.

Además de ser personas usuarias de tecnologías, somos ciudadanas digitales en un mundo global en el que existen grandes desigualdades. Tomar conciencia de esto es un primer paso para tomar un papel activo en favor de un mundo más justo, también en el ámbito tecnológico, que distribuya la riqueza y que respete la libertad de usar o no usar. También es un punto de partida para buscar y probar soluciones alternativas que nos proporcionen una mayor soberanía tecnológica, creando aplicaciones basadas en software libre, que sigan un diseño ético y modelos económicos respetuosos con la libertad de las personas.

* Este artículo pertenece a la serie de 5 cosas sobre la tecnología que debemos preguntarnos en educación.

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