La vida en una burbuja virtual


Esta semana hemos querido rescatar esta conferencia TED de Eli Pariser en 2011. Las conferencias TED son eventos que recogen un inmenso número de charlas y disertaciones breves sobre temas muy diversos. Esta en concreto se realizó en Long Beach, California, y tenía entre el público a muchos de los directores de gigantes de Internet como Facebook, Google, Yahoo…

En esta ocasión, Eli realiza una exposición sobre lo que ha bautizado como “la burbuja de filtros”. ¿A qué se refiere? Se trata de algo mucho más sencillo de lo que parece. Eli comienza hablando de cómo imaginaba que sería Internet en su adolescencia, que debía ser un lugar abierto, que significara una ventana al mundo. Y sin embargo se da cuenta de que esto no es así, el presente de Internet es algo muy distinto. Eli alerta de que tal vez la manera en que la información circula por la red no nos ayuda a conectarnos, sino más bien al contrario. Anota que Google utiliza más de 50 formas de averiguar datos sobre nosotros cuando buscamos en su bien conocido sitio web: el ordenador en el que estamos, el navegador web que usamos, nuestra ubicación exacta… y todo eso para mostrarnos lo que queremos ver. O más bien, lo que Google cree que queremos ver. Esto es lo que se llama personalización (o customización) de servicios. Algo similar sucede con Facebook, pues las novedades que aparecen en nuestro muro correspondientes a publicaciones de decenas o cientos de “amigos”, se ordenan u ocultan siguiendo los patrones que Facebook ha detectado: si la publicación se realizó en un lugar cercano a donde nosotros estamos o en qué enlaces publicados hacemos click. De esta manera, Facebook nos oculta algunas publicaciones y nos muestra otras, supuestamente favoreciendo nuestro interés.

¿Qué significa este proceso? La personalización se entiende actualmente como un valor añadido en el ámbito de las Tecnologías de la información y Comunicación, al igual que en otros sectores orientados a la comercialización de productos. Este valor presupone que la persona que consume el producto (el cliente) tiene una necesidad (ver lo que quiere ver) y se propone satisfacerla. De esta forma el cliente estará contento y utilizará con frecuencia el producto. Cada persona verá entonces algo distinto, pero dado que esto es viable técnicamente, vale la pena implementarlo.

¿Cómo se realiza esto? Las herramientas web como buscadores (Google) o redes sociales (Facebook) son productos informáticos, es decir, contienen un buen número de funciones que realizan de forma automática y que han sido previamente programadas por alguien. Cuando las funciones son muchas y complejas, se diseñan algoritmos que luego alguien traduce en lenguaje de programación. Un algoritmo es por tanto un conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema. Aquí el problema sería lograr que cada persona vea lo que quiere ver.

Y entonces, ¿no podría esto funcionar de otro modo? Eli apunta en su conferencia que mostrar a las personas solo lo que quieren ver puede convertirse en un gran problema. Y efectivamente así es. Digamos que si ponemos en el centro a la persona y su desarrollo pleno (que incluiría por ejemplo el desarrollo de su libertad y responsabilidad), entonces ningún ingeniero diseñaría un algoritmo que muestre a esa persona lo que quiere ver. El problema se definiría en la búsqueda de aquello que ampliara su percepción de la realidad, que la completara y que le hiciera enfrentarse a retos que hasta entonces no se había planteado. De esta forma, la persona avanza, se desarrolla, se hace a sí misma. Esta es la utopía de la tecnología hoy.

Así, mientras despertamos a la realidad que tenemos hoy y descubrimos qué hacen las herramientas web para perpetuarla, estamos con un pie dentro y otro fuera de nuestra burbuja de filtros. En la burbuja estamos cómodos, abrigados, a gusto. Sin embargo, la burbuja está contra nosotros mismos.

Burbuja de filtros

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