La tecnología como objeto: ¿hardware pensante?


El móvil forma parte de nuestra vestimenta. El ordenador es un elemento decorativo más de la habitación o del salón. Un ordenador nos espera muchas veces en nuestro puesto de trabajo. Elementos presentes en el espacio que nos rodea y ligados a nuestro propio cuerpo. Nuestro cuerpo está ligado a nuestras acciones. Realizamos pues decenas de acciones cotidianas que incluyen estos objetos. Del mismo modo que el pensamiento condiciona la acción, la acción condiciona el pensamiento.

Propongo que se considere la cuestión “¿Pueden pensar las máquinas?”. La discusión debería comenzar por las definiciones sobre el significado de los términos “máquina” y “pensar”.

A.M.Turing

Turing, considerado por algunos el padre de la computación, creía a pie juntillas que sí. Partiendo de su juego de imitación, planteó una prueba para decidir si una máquina es inteligente: el Test de Turing. El matemático inglés presentó su idea en una conferencia en 1947 y tres años después su exposición apareció publicada en Mind, una famosa revista de filosofía británica. Este texto se convirtió en uno de los escritos fundamentales de la lógica informática y la inteligendia artificial. Se trata de la metáfora mente-ordenador como modelo capaz de simular la mente humana y, por ende, el pensar.

El pensamiento humano ha sido definido en filosofía como algo complejo que es a la vez crítico, creativo y ético. El programa de Filosofía para Niños aporta la siguiente definición:

  • Pensamiento crítico: Basado en el juicio razonable. Busca buenas razones, bien argumentadas, para fundamentar nuestras opiniones. Capaz de superar prejuicios y pensar con criterio. Reflexión. Verdad.
  • Pensamiento creativo: Explorador e innovador. Imagina alternativas. Soluciona problemas con flexibilidad y fluidez. Talento (individual y colectivo). Sentido.
  • Pensamiento ético: Cuidadoso o cuidante. Orientado a la acción. Atento a la conexión entre nuestras acciones y sus efectos o consecuencias en el mundo. Responsabilidad.

Se atiende a la multidimensionalidad del pensamiento como íntima vinculación y búsqueda de coherencia entre pensar, decir, sentir y actuar.

El problema del planteamiento de Turing es que él entendía que el pensar humano consiste en calcular, punto de partida que no estamos dispuestas a aceptar. En los últimos 60 años este mito no ha hecho sino crecer. Hoy, un tipo considerado gurú de la inteligencia artificial se atreve a decir sin impunidad que “quien diga que las máquinas no pueden hacer tal cosa se va a arrepentir”.

Intuimos que este mito es posible hoy gracias al desconocimiento generalizado sobre el interior de los objetos tecnológicos y al desconocimiento de la naturaleza del pensamiento humano.

¿Cómo es el interior de un ordenador?

En un buen número de manuales y guías básicas podríamos encontrar un esquema como éste, que hemos adaptado para la Guía:

Esquema de las partes de un ordenador

1. Carcasa exterior / 2. Placa base / 3. Fuente de alimentación / 4. CPU / 5. Memoria RAM / 6. Disco duro / 7. Lector óptico / 8. Tarjeta de vídeo, sonido, etc. / 9. Monitor / 10. Teclado / 11. Ratón / 12. Impresora / 13. Escaner / 14. Altavoces (Diseño de F.J. López Herrera)

 

Esa caja negra que usamos a diario, cuyo interior nos es desconocido. Podríamos plantear una exploración sobre placas electrónicas modernas como Arduino o Raspberry Pi. Pero desmenuzar lo cotidiano contiene un placer extraordinario. ¿Qué sucede si violamos la intimidad de esta caja negra y rompemos los límites impuestos por la carcasa de diseño?

Esto es lo que proponemos en el Taller: cada grupo recibe un PC encendido y funcionando, el reto es desmontarlo, preparar una pequeña exposición con sus piezas, volver a montarlo y ¡que funcione! Lo que antes era miedo de estropearlo o de romperlo, inseguridad de sentirnos torpes, impotencia de controlarlo, se torna en alegría de comprender y confianza para hacer.

En el diálogo en grupo, nos damos cuenta de que algo parecido nos sucede en otras situaciones del día a día. Sucede por ejemplo que las leyes que regulan nuestra vida en sociedad están ahí, como encerradas en una caja negra que podríamos abrir y no abrimos, condicionando nuestro trabajo, el alquiler de nuestra casa, lo que podemos o no podemos hacer en las calles, nuestros impuestos, el recuento electoral… No las conocemos. No las cuestionamos.

Después de esta experiencia, ¿cómo vamos a aceptar que nos comparen con una máquina?

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